ARTÍCULOS

Surrender (Y yo me rindo)

Volviendo a 1998, me encontraba trabajando como “school worker” en St. Albans, Inglaterra. Dios había movido mi corazón al deber de entrar en las universidades y compartir mi fe con quienquiera que quisiese oír. Me encontraba también viajando con la banda, liderando adoración, estaba a cargo de dos grupos de jóvenes y salía a bares, molestando a la gente al tratar de convertirlos…

Al llegar la época de Navidad estaba completamente quemado y cansado. Sentía que no tenía para dar. Parecía que a pesar de todos mis esfuerzos para compartir el evangelio nada estaba cambiando realmente. Me había habituado a oír voces proféticas que habían soplado a través de nuestro pueblo, a través de nuestra nación. La gente hablaba de avivamiento, diciendo que éramos alguna clase de pueblo estratégico, único y especial en el gran plan de Dios para la salvación global. El avivamiento comenzaría con nosotros.

Tal vez esto fuese verdad, tal vez no, ¡pero de cualquier forma había puesto sobre mis hombros hacer que esto ocurriera! Fue en ese contexto que una noche me senté con mi guitarra tamaño ¾ con cuerdas de nylon y le cante a Dios «te doy mi corazón, todo lo que hay en él, mi vida rindo a ti…». Realmente me encontraba “al final de mi mismo” y me sentía tan desilusionado, desanimado y, más que eso, dañado (¡un verdadero artista!). No estaba seguro de si Dios me había defraudado o de si yo le había defraudado a él.

La segunda parte de la historia vino como un real impacto para mí. Estando en Juventud Con Una Misión (JuCUM) en Harpenden, me encontraba hablando con un chico llamado Tre. Él mencionó que él y su banda estaban planeando un viaje a Hawái. Mi amigo Jono, que era el bajista de la banda, no podía ir en el viaje. Bromeando le dije a Tre «Hey, yo tocaré bajo con ustedes en Hawái. ¡Cuán difícil puede ser!, ¡sólo tiene cuatro cuerdas!».

Todos reímos y yo mencioné que en mi iglesia había un joven bajista llamado Mark Sampson que estaría allí de todos modos; tal vez ellos podían usarlo.

Más tarde ese día recibí una llamada de Tre invitándome a ir a su departamento. Me dijo «Marc, he estado pensando y quiero que ores acerca de venir con nosotros a Hawái a tocar guitarra con nosotros; no tengo el dinero, pero aquí hay un cheque con las primeras £150 para el pasaje. Creo en ti y si Dios quiere que vayas él proveerá.»

Yo estaba un poco estupefacto y muy entusiasmado y, menos de un mes después, me encontraba en un avión yendo hacia Hawái, mi primera vez fuera de Europa.

Un grupo de alrededor de 400 jóvenes se juntaba todos los días por una semana en una gran y polvorienta carpa en la Universidad de las Naciones en Kona, Hawái. Adorábamos, orábamos, estudiábamos la Biblia y los comienzos de la iglesia. Entregábamos nuestras vidas, a veces sacudíamos nuestros corazones ante Jesús. Luchábamos con algunos asuntos, tratábamos de rendir las cosas a las que nos aferrábamos, no sólo nuestros pecados obvios, sino que también nuestro tiempo libre, nuestro dinero, nuestros sueños. Nos imaginábamos a nosotros mismos entregando nuestros derechos al Señor. Juntos empezamos a soñar acerca de lo que podía suceder si realmente tomábamos nuestras cruces y seguíamos el ejemplo de Jesús, quien dijo «no mi voluntad, sino que la tuya, Señor».

Así que, una mañana, sintiéndome tan bendecido como desafiado, me senté en el porche de donde había estado durmiendo y comencé a escribir el resto de la canción.

«Y yo me rindo todo a ti…»

¡La canción sacó alas y voló! Más allá de cualquier cosa que yo pudiese haber imaginado. La grabamos primero en el álbum “100 Hours”, luego en el álbum de La Viña St. Albans, luego por un lanzamiento de La Viña UK, seguido por un lanzamiento en los Estados Unidos, seguido por traducciones al portugués, al castellano, al coreano, al alemán, etc, etc… ¡Increíble!

12 años han pasado desde que escribí esa canción. Muchas cosas ha cambiado en mi vida. Ahora soy esposo, ahora soy padre, ahora soy mayor; tengo algunas cicatrices de batalla más, he estado nuevamente en ocasiones al fin de mis fuerzas, he sido quebrantado algunas veces más.

A través de todo esto, mucho ha cambiado en mi interior. Dudo menos del amor de Dios, lucho un poco menos por su atención. Lloro más, río más, duermo menos ;). Soy más libre. Confío más, amo más.

Muchas cosas son aún lo mismo. En lo profundo de mi interior hay un anhelo que no me dejará ir, algo insatisfecho, un dolor. El corazón quebrantado de Dios aún rasguña en mi interior, arruinándome para lo ordinario. Yo sé que hay más.

Aún canto la canción, ahora tal vez con más confianza en mi corazón, sabiendo que Jesús fue capaz de rendir Su vida incluso hasta la muerte porque confió en el carácter de Su Padre. Aun cuando las circunstancias parecían gritar lo opuesto y sudó sangre en el huerto de Getsemaní, de alguna manera Él fue capaz de confiar, de algún modo fue capaz de rendirse a sí mismo.

Así que 12 años han pasado y aquí está “Surrender”, el álbum. Una canción antigua y un montón de nuevas. Me parecía apropiado comenzar mi carrera bloguera con la historia de la canción por la cual soy más conocido.

A través de los años ha sido increíble oír de algunas personas acerca de los momentos y de las historias que han tenido con la canción. Soy honrado y privilegiado por tener una parte de mi historia conectada con ustedes ¡incluso a través de ustedes leyendo esto! Me encantaría escuchar sus comentarios y que compartan sus opiniones aquí abajo.

Dios les bendiga.
Marc James.

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¿Qué es Jubileo?

Muchas personas nos preguntan ¿por qué Jubileo? O ¿qué es Jubileo? La verdad, personalmente, todavía estoy descubriendo mucho acerca de qué es Jubileo, sin embargo hay cosas que ya son porque Dios ha querido que sean.

Una vez estábamos reunidos algunos jóvenes en la iglesia después de la reunión general de domingo y de la nada vino el Espíritu Santo. Estuvimos allí disfrutando Su Presencia durante varias horas mientras fluíamos en lenguas genuinas, cantos espontáneos, danzas y profecía. Ese día me repitieron varias veces distintas personas que Dios nos levantaría como una generación que impactaría a la sociedad con gozo. Después de ese día, curiosamente, cada vez que venía el Espíritu Santo sobre nosotros, los jóvenes reían a carcajadas hasta llorar de la risa sin ningún motivo, era una nueva manifestación que el Espíritu Santo estaba dando y era muy divertido.

Empezamos a explorar estilos musicales que se relacionaban con el gozo como la cumbia o el merengue y descubrimos cómo Dios se mueve en estos estilos y cuán encasillados estamos con la forma de adorar a Dios. A la vez exploramos otras artes como el circo, clown y teatro. Nuestras reuniones estaban llenas de vida, no porque hiciéramos arte, sino porque el Espíritu de Dios estaba en nuestro arte.

Jubileo es un concepto. Cuando Jesús estuvo en la tierra Él atendía la necesidad de las personas sanando las enfermedades y penetrando la vida de los pecadores trayendo libertad. En esos tiempos el estar enfermo conllevaba una serie de problemas sociales, ya que según la ley de Moisés estas personas eran impuras y seguramente estaban enfermas por el pecado de sus padres. En otras palabras, eran personas malditas. Cuando Jesús venía y les liberaba de su enfermedad Él estaba atendiendo una necesidad tremenda en la vida de las personas, sin embargo hoy en día la enfermedad no produce un impacto social tan grande y la solución es mucho más simple gracias al gran avance de la medicina. La gente tiene otro tipo de necesidades, necesidades igual de profundas, pero no igualmente visibles. Si uno observa a las personas en la ciudad es fácil darse cuenta que la gente está triste; los problemas médicos más solicitados son la depresión o el estrés. Con tanta presión social de “tener” y “ser” la gente siente una constante sensación de frustración que los mantiene hundidos un una profunda tristeza. ¡Lo que necesitan es Alegría, lo que necesitan es Gozo!

Jubileo es una respuesta del corazón de Dios a la necesidad de las personas. Jubileo es caminar contra la corriente de tristeza de la sociedad. Jubileo no es cumbia, bailar y reír solamente. Jubileo es por excelencia el Reino de Dios en la Tierra.

Desde entonces diferenciamos “hacer Jubileo” de “que toque la Banda Jubileo”. El Jubileo trasciende los límites de la Banda, y es mucho más grande y variado. Hacer Jubileo es cualquier tipo de expresión de alegría que contagie a la gente con el gozo completo de Dios. La Banda es una rama del concepto Jubileo. La Banda Jubileo hace Jubileo también, pero no es EL Jubileo.

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La nave se mece

     Hace algún tiempo leí un muy buen libro llamado “En las manos de la Gracia” de Max Lucado; y creo que el siguiente artículo extraído de él es una de las cosas que más necesitamos escuchar cuando nos acercamos por primera vez al cristianismo: que junto a Jesús viene su iglesia.
     La revelación de esto trajo una tremenda sanidad a mi corazón, y me gustaría compartirlo con ustedes.

Israel Carrasco.
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     Dios nos ha enrolado en su armada y nos ha colocado en su embarcación. El barco tiene un propósito: llevarnos con seguridad a la otra orilla.
     No es un yate de paseo; es un buque de guerra. No se nos ha llamado a una vida de placer; sino a una vida de servicio. Todos tenemos una tarea diferente. Algunos, preocupados por los que se ahogan, sacan gente del agua. Otros se enfrascan con el enemigo, de modo que manejan los cañones de oración y adoración. Otros más se dedican a la tripulación, alimentando y preparando a sus miembros.
     Aun cuando diferentes, somos iguales. Cada uno puede contar sobre un encuentro personal con el capitán, porque cada uno ha recibido un llamamiento personal. Nos halló entre las chozas del puerto y nos invitó a seguirle. Nuestra fe nació a la vista de su afecto y así le seguimos.
     Todos le seguimos cruzando la pasarela de su gracia, embarcándonos en el mismo barco. Hay un solo capitán y un único destino. Aun cuando la batalla es feroz, el barco es seguro porque nuestro capitán es Dios. La embarcación no se hundirá. De eso, no hay preocupación.
     Sin embargo, existe una inquietud en cuanto a la discordancia entre la tripulación. Al principio, cuando nos embarcamos, dimos por sentado que los tripulantes eran personas como nosotros. Pero al recorrer las cubiertas hemos encontrado curiosos convertidos con raras apariencias. Algunos tienen uniformes que jamás vimos o visten modas que jamás presenciamos.

     —¿Por qué se visten así? —les preguntamos.

     —¡Qué curioso! —replican—. Estábamos a punto de preguntarles lo mismo.
     La variedad de vestidos no es tan perturbadora como la abundancia de opiniones. Hay un grupo, por ejemplo, que se reúne todas las mañanas para estudiar en serio. Promueven una disciplina rígida y expresiones sombrías.

     —Servir al capitán es asunto serio —explican.

     No es coincidencia que tiendan a congregarse cerca de la popa.
     Hay otro regimiento profundamente dedicado a la oración. No solo creen en la oración, sino en la oración de rodillas. Por eso siempre sabes dónde encontrarlos; están en la proa de la nave.
     Y hay unos pocos que obstinadamente creen que en la Cena del Señor se debe usar vino real. Los hallará a babor.
     Otro grupo más se ha colocado cerca de las máquinas. Pasan horas enteras examinando las tuercas y pernos del barco. Se sabe que se encierran bajo cubierta y no salen por días. Los que se quedan en cubierta, sintiendo el viento en sus cabellos y el sol en su cara, a veces los critican.

     —No es lo que aprendes lo que importa —argumentan estos últimos—, sino lo que sientes.

     Y, ah, cómo tendemos a agruparnos.

     Algunos piensan que una vez que estás en el barco no puedes desembarcar. Otros dicen que sería una necedad caerse por la borda, pero que la decisión es de uno.
     Algunos creen haberse ofrecido voluntariamente para el servicio; otros que los destinaron para el servicio incluso antes de construirse la nave.
     Algunos vaticinan que una tormenta de gran tribulación azotará antes de anclar; otros dicen que no se desatará sino después de estar seguros en el muelle.
     Hay quienes le hablan al capitán en un lenguaje personal. Hay quienes piensan que tales idiomas desaparecieron.
     Hay quienes piensan que los oficiales deben usar togas, hay quienes piensan que no debería ni siquiera haber oficiales, y hay quienes piensan que todos somos oficiales y todos deberíamos usar togas.

     Y, ah, cómo tendemos a agruparnos.

     Y está también la cuestión de la reunión semanal en la que se agradece al capitán y se leen sus palabras. Todos afirman su importancia, pero pocos están de acuerdo en cuanto a su naturaleza. Algunos la quieren ruidosa, otros la quieren quieta. Algunos quieren rituales, otros espontaneidad. Algunos quieren festejar para poder meditar; otros quieren meditar para poder festejar. Algunos quieren una reunión para los que se han caído por la borda. Otros quieren alcanzar a los que se han caído por la borda sin caerse ellos mismos ni descuidar a los que están a bordo.

     Y, ah, cómo tendemos a agruparnos.

     La consecuencia es una embarcación que oscila. Hay problemas en cubierta. Estallan peleas. Los marineros se niegan a hablarse entre sí. Han habido ocasiones cuando un grupo rehusó reconocer la presencia de otros en la nave. Lo más trágico es que algunos náufragos en el mar han preferido no subir a bordo debido a las refriegas de los marineros.
     «¿Qué hacemos?», nos gustaría preguntarle al capitán. «¿Cómo puede haber armonía en la nave?» No tenemos que ir muy lejos para hallar la respuesta.
     En la última noche de su vida, Jesús hizo una oración que se levanta como una fortaleza para todos los creyentes:

     Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. 
Juan 17:20–21

     Qué preciosas palabras. Jesús, sabiendo que el fin se acerca, ora una vez más por sus seguidores. Impresionante, ¿verdad? No oró para que tuvieran éxito, ni por su seguridad, ni por su felicidad. Oró por su unidad. Oró para que se amaran los unos a los otros.
     Así como oró por ellos, «también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos». ¡Eso nos incluye a nosotros! En su última oración Jesús oró para que tú y yo seamos uno.

"En la manos de la Gracia" - Max Lucado


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Los Valores de La Viña

Nuestros valores afectan lo que pensamos y, consecuentemente, lo que hacemos. Nuestros valores son una parte intrínseca de nosotros, aunque muy pocas veces pensamos conscientemente acerca de ellos. Ellos determinan nuestras ideas, principios y conceptos que una persona o grupo puede aceptar, asimilar, recordar y transmitir. Pueden ser falibles y tienen que ser revisados y actualizados constantemente a la luz de las Escrituras.

En La Viña, –como familia de iglesias–, compartimos prioridades y valores, los cuales nos llevan a compartir una misma genética y visión1. Estos valores suelen agruparse en distintas categorías que determinan nuestro enfoque y motivación. Ellos se expresan mejor de la siguiente manera:

-Buscadores de Dios: La profundidad de la relación de Dios con nosotros es incansable. (Sal. 41:1; I Cor. 2:6; Fil. 3:8-10). Por lo tanto, lo buscamos a Él y esperamos que Su presencia se manifieste en todo lo que hacemos. (Juan 4:34; 5:19-20).

-La Biblia: La Biblia es nuestra autoridad final acerca de opiniones, sueños, revelaciones, visiones y cualquier otra fuente de autoridad a la cual recurramos para que nos dirija. En nuestro corazón somos cristianos evangélicos. Nuestro enfoque del ministerio y la vida deben estar diseñados por el consejo que nos dan Las Escrituras (2 Tim. 3:16-17).

-Unidad: Nuestros hermanos y hermanas no son nuestros enemigos. Por lo tanto nos relacionamos entre nosotros de una manera honorable, buscando preservar el lazo de unión de la paz. Amaremos lo que Jesús ama: la iglesia entera. Esto significa que amaremos a todos aquellos en nuestra congregación, aquellos en la Asociación de la Iglesia de la Viña y Cristianos (Association of Vineyard Churches and Christians) a través de líneas de denominación (Ef. 4:3-6).

-Compasión y misericordia: Deseamos aceptar en nuestra comunidad cualquier creyente sincero que esté tratando de caminar en obediencia a Dios, que esté arrepentido de sus pecados y que se someta a la autoridad de la iglesia. La misericordia de Dios siempre triunfa por encima del juicio. (Santiago 2:13; Juan 8:1-11).

-Equipamiento: Dios llama y faculta a los creyentes a que expresan sus talentos, regalos y ministerios que Él les ha preparado a cada uno. La orientación de todo ministerio se dirige a la integración de la verdad Bíblica en nuestra vida cotidiana que impacta nuestra comunidad y más allá, no limitado al mejoramiento ni al crecimiento individual (Ef. 4:11-13).

-Relaciones: Preocuparnos por las personas es nuestra prioridad más alta luego de la sumisión ante Dios, porque el propósito de la cruz era la redención de los hombres y las mujeres. Haciendo nuestro mejor esfuerzo, trataremos a todas las personas con respeto, dignidad y paciencia en amor, siempre buscando lo que es mejor para la vida y el crecimiento de él o ella (Rom. 12:9-13; I Cor. 13:4-9; Col. 3:12-14).

-Familia: Nosotros valoramos profundamente la construcción de familias y creemos en la prioridad de los niños, mientras al mismo tiempo aceptamos y valoramos a todos los creyentes adultos que se identifican con nuestra familia de la iglesias (Mat. 18:1-10; Col. 3:12-15).

-Generosidad: Nosotros somos mayordomos de los regalos y recursos de Dios (Mat. 10:8, 39; 13:45-46). Esto significa que cuando Dios lo indica, nosotros estamos dispuestos a entregar lo que tenemos, a arriesgar la seguridad del éxito presente con el fin de agrandar el Reino en la Tierra de una gran manera. No somos dueños de nuestros ministerios, así que no nos pertenecen. Nosotros “damos para aprender a dar”.

-Simplicidad: Queremos ser “naturalmente sobrenaturales”, evitando el comportamiento que le quite atención a Dios, y la centralice en nosotros. La simplicidad afecta nuestro estilo de adoración, cómo oramos por los enfermos y ministramos a los pobres, cómo llevamos el discipulado, cómo enseñamos la Biblia y más (I Cor. 2:2-5; Santiago 3:13; I Tes. 4:11-12). 

-Tomar Riesgos: Estamos dispuestos a permitir que las personas cometan errores mientras crecen en sus talentos. Sabemos que los talentos se desarrollan en un ambiente de prueba y error, así que estamos dispuestos a ser pacientes con las debilidades y los errores de la gente mientras aprenden (Juan 21:15-19; Gal. 5:22-23).

John Wimber
(Fragmento Modificado)
Versión Original Extraída de "Adoración en Línea"
Extraído de "Doin' The Stuff"
Traducción por Federico Wust

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1. No forma parte del artículo original.

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Como Jesús


Frank Laubach (1884-1970) fue un misionero estadounidense que dedicó su vida a enseñar a leer y escribir a los analfabetos en Filipinas mediante la Biblia. A la edad de 45 años, insatisfecho con su vida espiritual, resolvió vivir en una continua conversación íntima con Dios y en perfecta respuesta a su voluntad.

Como un experimento, se dedicó a anotar en su diario una bitácora de su progreso, la cual comenzó el 26 de enero de 1930. He aquí algunos fragmentos de sus anotaciones:

-26 de enero de 1930: Siento a Dios en cada movimiento, por un acto de la voluntad: al desear que Él dirija estos dedos que ahora golpean esta máquina de escribir; al desear que Él obre en mis pasos cuando camino.

-1 marzo de 1930: Este sentimiento de ser dirigido por una mano invisible que toma la mía, mientras que otra mano se extiende por delante y prepara el camino, crece en mí diariamente. Algunas veces requiero de largo tiempo en la mañana. Decidí no levantarme de la cama sino hasta cuando mi mente se ha quedado fija en el Señor.

-18 de abril de 1930: He probado la emoción de la comunión con Dios que ha terminado por hacer desagradable todo lo que sea discordante con Él. Esta tarde la posesión de Dios sobre mí me ha atrapado con tal gozo indecible que pensé nunca haber conocido algo parecido. Dios estaba tan cerca y de forma tan asombrosamente encantadora que sentí como si me derritiera por completo con una alegría extrañamente bendita. Habiendo tenido esta experiencia, que ahora viene varias veces a la semana, la idea de la inmundicia me repele, porque conozco su poder para arrastrarme y alejarme de Dios. Después de una hora de íntima amistad con Dios mi alma se siente limpia, como nieve recién caída.

-14 de mayo 1930: ¡Ah! Esto de mantener constante contacto con Dios, de hacerle el objeto de mi pensamiento y compañero de mis conversaciones, es lo más asombroso con que jamás me he topado. Resulta. No puedo hacerlo siquiera por medio día; todavía no, pero creo que lo haré algún día entero. Es cuestión de adquirir un nuevo hábito de pensamiento.

-24 mayo de 1930: Esta concentración en Dios es agotadora, pero todo lo demás ha dejado de serlo. Pienso más claramente y me olvido con menos frecuencia. Las cosas que hacía antes con esfuerzo, ahora las hago con facilidad y sin esfuerzo alguno. No me preocupo por nada, ni pierdo sueño. Camino como en el aire una buena parte del tiempo. Incluso el espejo revela una nueva luz en mis ojos y cara. Ya no me siento apurado en cuanto a nada. Todo parece andar bien. Cada minuto lo enfrento con calma como si no fuera importante. Nada puede salir mal excepto una cosa: que Dios pudiera salirse de mi mente.

-1 de junio de 1930: ¡Oh, Dios, qué nueva cercanía nos da esto a ti y a mí, darme cuenta de que solo tú puedes comprenderme, que sólo tú lo sabes todo! ¡Ya no eres un extraño, Dios! ¡Eres el único ser en el universo que no es parcialmente un extraño! ¡Eres todo dentro de mí! Pienso luchar esta noche y mañana como nunca antes, sin dejarte ni un instante. El Lunes pasado fue el día más exitoso de toda mi vida hasta la fecha, en lo que respecta a dar mi día en completa y continua rendición a Dios. Recuerdo cómo al mirar a las personas con el amor que Dios me dio, me miraban y reaccionaban como si quisieran acompañarme. Sentí entonces que por un día vi un poco de esa atracción maravillosa que Jesús tenía cuando caminaba por el camino después de un día, embriagado de Dios y radiante con la comunión interminable de su alma con Dios.

“Como Jesús” – Max Lucado (Fragmento Modificado)

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